jueves, 10 de abril de 2008

Manos Divinas...


Es enero y la sombra vespertina empieza a caer sobre el grupo de casitas de techos en declive. Una enorme mancha de trayecto lento pero inexorable que viene derramándose por las faldas del cerro Ichur. A su paso, el panorama pierde nitidez, el clima se hace tibio y el contexto cobra repentino silencio, sólo alterado por el constante golpeteo de una mediana estructura de madera cubierta de hilos que se escucha a lo lejos, al final de la calle San Martín, cerca de la cancha de fútbol, lejos de la placita principal del pueblo. Tac, tac, tac, me perturba y llama.

Varios pasos y descubro que nace de un pequeño recinto edificado a la típica usanza serrana: de gruesos muros frontales color natural y una pequeña puerta de madera algo corroída; su piso es de barro con piedras de diversos tamaños empotradas en desorden; en sus paredes y techos de grueso adobe se dejan notar, como picos intercalados, las quinchas, varas de cactus y tejas que los propios pobladores instalan para darle consistencia a sus construcciones haciendo eco a costumbres muy arraigadas. Allí, en ese cuarto de olor a barro húmedo y ventanita de hierro, se erige un llamativo telar horizontal motivo del ruidito de marras y que se había convertido en guía de nuestra curiosidad.

A su entorno, con las cabecitas gachas y juntando las manos como haciendo honores, un grupo de mujeres sentadas sobre viejas silletas y bancos de plástico parecen jugar a hacer figuras con los dedos. Sus movimientos son pausados y no constantes como el telar de caoba. Son las integrantes del taller de tejidos Manos Divinas – Cascaminas. Una institución que, apoyada en la perseverancia de abnegadas campesinas y compromiso social de industrias mineras, se ha activado en este pueblo agrícola ubicado a 150 kilómetros de Trujillo, de gente hospitalaria y pujante, de frutales y cereales, de planicies y montañas, de ronderos y comuneros, de techos en declive e inmensos campos verdes.

Lucma, ubicado en las entrañas de la provincia de Gran Chimú, es uno de los distritos más pobres de la sierra liberteña. Sus habitantes – que no superan los seis mil incluyendo los 16 caseríos colindantes a la zona urbana- se dedican básicamente a la agricultura y el ganado, actividades que abrazan desde muy pequeños como mejor forma de hacerle la lucha a la cruenta carencia del día a día.

Aquí, sin embargo, el rigor de la necesidad no ha envilecido a las gentes y resulta cotidiano recibir el afecto de los nativos plasmado en un saludo cordial ya sea venido de la pastorcita que traslada sus ovejas rumbo al enorme bosque de cardonales que colinda con el poblado, del tendero que coloca su bandera blanca para anunciar a los compradores que ya pueden adquirir el pan, la hierbera que oferta el “aleja muertos” de puerta en puerta o de parte del emblemático “Veinte Cheques”, un ex comerciante entregado a la bebida que, probablemente, sea el último heraldo de la era contemporánea y que despierta a los comuneros pregonando comunicados, citaciones o la llegada de algún grupo artístico a la villa.


“En junio cumplimos un año y parece que fue ayer cuando el señor Carhuancho (anterior superintendente de Minera Cascaminas) supo que teníamos un club de Madres y nos dio la idea de instalar un taller que nos permitiera aprender a tejer diversos productos y tener ingresos económicos, luego llegaron otros gerentes más a apoyarnos como el ing. Frías o el ing. González y en junio del 2007 empezamos las clases gracias a que nos regalaron el telar y una máquina hiladora”, me cuenta doña Zoila Esquivel, una tierna viejecita que ocupa la presidencia de Manos Divinas y dado la bienvenida en el recinto.

Junto a doña Zoila son 34 las mujeres que con una devoción religiosa asisten de miércoles a viernes a las clases que dicta la profesora Milagros Angeles. Vienen de la zona urbana y también desde Agua Agria, Penintay, Recuaycito, Huayday, Cuyna u otro de los caseríos anexos. La más joven, Noemí Alcalde, es una madre soltera que no supera los 22 años y previo a su inscripción en el taller vivía exclusivamente de los ingresos que recibía por emitir avisos de servicio público en “Radio Ok”, una transmisora de onda corta que instaló con su hermano como resultado de su afición por la electrónica. En tanto que la mayor del grupo, Flor Moreno, de 75 años, se dedicaba a la venta de tamalitos para cubrir los requerimientos alimenticios de sus nietos y nutrir a las cabritas y burros que cada mañana suelta a correr entre la hierba u ojos de agua que se acumulan en las laderas del inmenso Ichur y que heredó de su difunto esposo, un antiguo cazador de mostrencos o mulos salvajes, costumbre que se ha perdido con el paso del tiempo.

“Ingresar a este taller me ha cambiado la vida, ahora estoy más tranquila porque tenemos un ingreso económico e igual ocurre con mis compañeras”, confiesa mientras observa detenidamente la cámara fotográfica que portamos. ¿Puedo verme?, pregunta, y sin dar tiempo a la respuesta coge el aparato intentando observar las imágenes digitales que acabo de grabar. De inmediato, sus compañeras la rodean cual niñas curiosas por analizar la muñeca nueva que su padre les ha comprado.

Manos Divinas – Cascaminas inició sus actividades con 50 alumnas inscritas, número que ha ido decreciendo, según doña Zoila, por la lejanía de algunos caseríos de donde provienen las alumnas. Igual, las ausencias no han afectado el ritmo de evolución del taller que, de un inicio incierto y poca demanda, hoy se perfila como el más importante productor de tejidos de algodón en la provincia de Gran Chimú. Basta anotar que más de 300 piezas entre chompas, medias, colchas, frazadas, almohadas, guantes, alfombras, sacos, alforjas y hasta tarjetas de navidad han sido vendidas como parte de su primera producción lanzada a fines del 2007, para darse cuenta del éxito de las tejedoras artesanales.

Esos artículos han ido a parar a manos de obreros de las unidades mineras Cascaminas y Sayaatoc, en La Libertad, o Sinaycocha, en Huancayo – todas subsidiarias del Grupo Atacocha- o de suertudos compradores de ferias textiles de Ica, Lima o Trujillo a donde son trasladadas con fondos otorgados por la propia extractora de minerales.

“Ahora estamos ocupadas en completar nuestra segunda producción que seguiremos vendiendo en las ferias donde nos lleven los señores de (la unidad minera) Cascaminas. La técnica que utilizamos es la del palillo, aquí las mujeres son muy aplicadas para aprender y eso facilita las cosas” explica la profesora Milagros quien cada semana viaja desde su tierra natal, Agallpampa, en Otuzco, hacia Lucma, apoyada por la propia minera que, de la misma forma, le provee de la logística necesaria – lanas, palillos, hilos, tijeras, agujas y telas- para cumplir sus labores docentes.

Será en junio cuando Manos Divinas - Cascaminas cumpla su primer aniversario. Un año desde cuando un grupo de esforzadas mujeres tuvieron la feliz idea de iniciarse en un ámbito que sólo conocían como una forma de ocupar sus ratos de ocio y hoy se ha convertido en su principal fuente de ingresos y palanca de desarrollo personal pero, más importante aún, en una tangible muestra de las enormes resultantes derivadas de la unión entre comunidades y empresa.

domingo, 6 de abril de 2008

Enigma...


Son las 8.36 p.m. del sábado 5 de marzo. Me encuentro en la habitación 14 del hotel Guerrero, en el corazón de Jaén, este pueblo grande que hoy me tiene preso y no precisamente de su belleza natural o buenas gentes. Aquí las personas te tratan con mucho respeto como es típico en estas villas del interior, comemos sano –como no ocurría hace buen tiempo- y los paisajes son hermosos amén que las lluvias nocturnas mezcladas con el clima caluroso y boscosos escenarios nos enternecen el alma. Sin embargo, mi estancia se ha dado forzosa debido a que las fuertes lluvias que arrecian en el entorno de la provincia han destruido las carreteras de acceso y estoy impedido de salir de la ciudad a no ser por vía aérea y cuatro cupos que no puedo conseguir todavía.

Y entonces, solitario y vagabundo por las calles de un poblado silente, la reflexiones sobre mi inefable vida amorosa se me han hecho profundas. Muy profundas alrededor de lo que hace tiempo quiero descifrar y no puedo, o quizá siento pero no quiero reconocer, o de repente no siento pero no lo acepto: ¿todavía amo a JM?

Hace una semana, horas antes de partir a donde ahora me encuentro, recibí su llamada telefónica. Eran varios días que no hablábamos y, además, no tenía buenos recuerdos de esa ocasión: me encontraba en Lima y compartimos un par de horas en que ella aprovechó para castigarme con esa falsa indiferencia que se esfuerza en mostrar cada vez que nos encontramos; pero, esta vez, perfeccionó un defecto made in Capital de la República que sufrí como una puñalada, su increíble soberbia. “Que venderé este auto para comprarme una Rav 4 del año, que mis amigas son unas pobretonas que no tienen aspiraciones y viven como cualquiera, que viene Marck Anthony, que te llevaré a un restaurante fashion,¿ y como te va con tu nueva enamorada?.. ah, y la próxima semana me aumentare el busto, me costará 4 mil dólares pero quedaré regia…”
Varias horas gasté intentando resignarme a esa nueva y diametral versión en que se había transformado de mi querida JM. Incluso, lo pensaba cuando recibí su timbrada, cerca del medio día. Empero, como un consuelo leve, esta vez su risueña voz saludándome y la cordialidad con que me relató el proceso de su feliz operación al busto y su abrupto incremento de autoestima, me alegraron mucho y estimularon para el duro viaje de casi 10 horas que supuso el trayecto de Trujillo hacia Jaén.

Sin embargo, ya no me ha vuelto a llamar y probablemente no lo haga hasta que pasen más de 15 días, cual es su costumbre. Ni el mensaje que le envíe hace tres días ha servido para que vuelva a comunicarse con esta alma transeúnte.
Seguro estará muy ocupada estrenando vestidos adecuados para su nuevo busto. O quizá ocupará sus horas de ocio en reuniones cargadas de placer y risas hipócritas sobre mesas con mucho vino, comida y un fondo musical estridente. Y yo seguiré taladrando mi mente respecto de si esa actitud obedece a una mujer todavía enamorada que intenta olvidar. Y daré vueltas preguntándome si solo me llama por la mera curiosidad de conocer los pasos de alguien a quién se amó en demasía.

Y continuaré hiriéndome mientras trato de adivinar que estará haciendo. Y jugaré a saber si compartirá una cena romántica con un infeliz individuo o regalará su cariño a un alto ejecutivo de una empresa transnacional, si dudará tantas veces en enviar mensajes de texto o marcar mi celular para saber como me encuentro, si vagará en hermosos recuerdos de nuestra convivencia o armará nuevas ilusiones con otro príncipe, si averiguará sutilmente con quien enamoro estos días o intentará conquistar a un tipo que le ha impresionado, si rebuscará en las páginas sociales de internet sobre mis nuevos pasos. Si todavía me quiere tanto... ¿como yo aún la amo?

domingo, 30 de marzo de 2008

¿Ya no cambias?

Hace unas noches me reuní con Anita, la disparatada arqueóloga de la UNT. Enterarnos de la desdicha laboral de un amigo común, además de desear compartir las nuestras propias, nos llevaron a una divertida reunión nocturna amenizada con una parrilla personal, media jarra de sangría y dos latas de cerveza. Y conversar con la chata me supuso reconocerme dentro de un mundo al cual me resistía a pertenecer pero debo decir, casi resignado, me siento inserto.

La loca Ana, tan sincera como extrovertida para decir lo que quiere sin temor a la censura, me enrostró lo que ya alguna muy querida ex pareja me advirtió: mi definido carácter voluble entre feliz y depresivo, mis intermitencias anímicas, mis constantes alegrías y permanentes ataques de crisis existencial que afectan tanto a quienes me quieren y me están llevando a una soledad amorosa que ya no soporto.

La enamorada de la "Vaca" (es el singular y nada masculino apelativo con que bautizó a su novio), además de confesarme sus añoradas travesuras en escenarios cubiertos de grueso humo, música dura y gente “ascendiendo”, me recostó sobre el improvisado diván – asiento de mi auto y describió el diagnóstico de mi dolencia espiritual: “eres un tipo muy cambiante, puedes estar muy feliz pero cada cierto tiempo te atacan tus depresiones y no puedes evitarlo, peor aún, a tu edad no vas a cambiar Oswaldo Rivasplata . Tienes que encontrar una mujer que sea consciente de eso, que sepa que necesitas tener un espacio en soledad para atender tus crisis emocionales y luego regresar”

Lo peor de todo, y tras haber tenido tantas oportunidades para demostrarme lo contrario, es que empiezo a creerle...

martes, 25 de marzo de 2008

Recuerdos...

“Estee, que planes para el fin de semana?, nada?, oye, estee, de repente podemos salir, están pasando una película muy buena en el Planet..” Hasta allí lo escuche clarito. Carlos, el flaco pelucón que habitualmente coincide con este incomprendido en mis eventuales asistencias nocturnas al gimnasio Forma, se desnudaba de sus temores y lanzaba sobre la bella Paquita sus ansiosos deseos de seducción y lujuria. Claro está, un perverso deseo maquillado bajo el velo limpio y blanco de un bonito y nervioso verso. Afane, aguaite, sondeo o mande en términos cholos, un fino cortejo en verso educado.

Tras el esforzado lance de mi amigo seguí con mucho sigilo la escena a través del enorme espejo frontal hacia mi: la flaca tragó saliva, lo miro al pobre cola de caballo como quien huele un bacalao de dudosa procedencia y…. atracó… o al menos esa fue mi impresión porque el flaco Carlos se despidió muy alegre y hasta le puso cuatro pesas más a su pobre sesión de carga con bíceps.

Así se conjugó una típica escena de flirteo al más puro estilo de novela setentera. Y así también, mientras descansaba de una serie de 40 esforzadas alzadas de triceps con mancuernas de 16 kilos, empecé a rebuscar hondas escenas en la trágica película de mi vida amorosa. Y no han habido ni muchos ni pocos de esos pasajes de cortejo, pero no por ello dejan de ser dignos de recordar algunos casos. Más aún si, considero, son los momentos más hermosos en cualquier proceso de vida en pareja. Después vienen la broncas, desentendimientos, rupturas y retornos...

Elvia. Atractiva e inteligente como ella sola... hacía buen tiempo que me había “marcado la placa” y no me daba cuenta. Cuando reparé en sus intenciones nunca supe como enamorarla hasta que una noche, entre baile y dos rones con cola, confesamos lo que sentíamos.

Yani. Aquí no hubo citas previas ni nada por el estilo. La rubia de figura de campeonato resultó más atrevida que monja en casa de citas y a la primera oportunidad que tuvo se me lanzó como futbolista a tiro de gol.

Karina. Como no recordarla. La conocí en una visita al colegio especial donde ella trabajaba. Cada partido dominical en el estadio Mansiche me enviaba mensajes de texto desde la tribuna occidente mientras cumplía mi trabajo como jefe de prensa de un club local. Por ese entonces tenía una linda relación y me resistía a seguirle el juego. Una noche, presa de mi depresión por haber cortado con JM, respondí a sus continuas propuestas. Era muy linda y frágil, pero tenía dos hermosos hijos que merecían algo mejor que un tipo con crisis existencial.

Jina, la linda docente resulta de los más lindos recuerdos que me deja mi paso por Sayapullo. Bella y noble pero disparatada como las yeguas de mejor sangre, darnos un primer beso supuso varias salidas, charlas y risas hasta que un cruce de miradas profundas en un taxi nocturno nos dio la complicidad que tanto buscábamos.

Angi. Sin desearlo nos encerramos en una pasión desenfrenada pero pura, transparente, en la que se cumplieron todos los procesos de manera estricta: conocernos, hacernos amigos, salir unas cuantas veces, confesarnos, querernos.

Lory, de data muy reciente. Se cansó tanto de esperar que tuviera la iniciativa que al menor descuido se guardó las diplomacias y me estampó un beso que hasta ahora recuerdo. Y bueno, era justificado, no disponíamos de mucho tiempo para pasarla juntos con mi recordada blanquita.

Zaira, amor de los más puros e inocentes, de adolescente. Nunca le robé un beso o siquiera un abrazo. Eramos escolares y saber que era amada en silencio por un querido amigo me obligó a borrar mis ilusiones a pesar que sentía su corazón palpitar cada vez que me miraba sonrientemente o cuando esperábamos el microbús de retorno a casa en el paradero habitual.

Dolly. Una noche de cielo estrellado en Huanchaco no pudimos resistirnos más. Fue muy rápido como sincero.

JM. Hasta el acto de conocernos fue digno del más hermoso de los cuentos. Caminábamos distraídos por los pasillos del edificio “D” en la Escuela de Comunicaciones de la universidad. Nos dimos tremendo golpe y una mirada que agradecieron nuestros corazones. la perseguí por medio año seguro que también me amaba. Me cansé de luchar y decidí apartarme. Ella, semanas después, me buscó y sorprendió con un tierno beso, una noche de fiesta estudiantil en la discoteca El Pueblo.

jueves, 6 de marzo de 2008

El heladero de Lucma


Es medio día en el silente Chuquillanqui. El sol cae abrazador, terrible, impío para un foráneo desacostumbrado. Mientras tanto, los nativos empiezan a llegar al local comunal del  caserío para dar comienzo a la reunión de cada mes, consentida para acuerdos importantes en la marcha de esta villa de 500 pobladores. Algunos agrupados y conversando, otros junto a sus hijos, uno que otro en solitario y hasta las madres deben cargar a sus criaturas y soportar el esfuerzo, sabedoras de que la cita mensual es obligatoria y quien se ausente la pueda pasar mal dadas las normas establecidas en la "Sandalia de oro" (significado quechua de Chuquillanqui) y los ronderos que la norman.

Y el sol que no cede un milímetro y hace urgente mojarse el rostro o la cabeza en el hilo de agua que atraviesa el pueblo y viene del río Chicama. Y los animales que se tiran bajo los árboles buscando una sombra piadosa o las aves que buscan ojos de agua sobre el seco terreno.
De repente, a lo lejos se empieza a escuchar el débil silbido de una corneta. Cual flautista de Hamelín adormeciendo y aliviando esta plaga no de roedores pero igual de abrumadora, insoportable, que se te pegotea la piel y moja hasta los calzoncillos. Y la gente sonríe cada vez en tanto el rítimico sonido aumenta, poco a poco. Es la evidencia del paso cansado de don Venancio Reyes. El viejo con su gorrita naranja y cajita de aluminio al hombro.

Entonces, la reunión dispersa, se desordena, para abrir paso al marchante longevo convertido  en inesperado protagonista, en singular aclamado dentro de un grupo ajeno al elogio. Y es que el viejo Venancio trae consigo lo que resulta una suerte de panacea al infernal calor de cada medio día en esa zona de Gran Chimú: los chupetes de hielo. “Déme dos altoque”, “quiero cuatro don Venancio, toda mi familia está metida en el local comunal”, “ tres chupetes maestro”, se mezclan las voces entre decenas de campesinos que rodean al risueño anciano.
Yo, cauto, “ simplemente quiero uno”, le solicito, una vez que la muchedumbre le ha dado una pausa. “Y de fresa eh”, reitero, lo necesario para ganarme su confianza y prolongar la charla.

“Tengo 71 años y vivo en Trujillo pero conozco estas tierras mejor que mi casa; todas las semanas vengo y me quedo cuatro o cinco días vendiendo mis chupetes. Y no me quejo, la venta es buena por eso viajo desde Florencia de Mora porque allá hay mucha competencia”, me asegura. Y el marcianero de surcado rostro y manos agrietadas no anda lejos de la verdad: en estas tierras lo conocen hace más de 20 años cuando, cajita al hombro y corneta soplando, empezó a recorrer los 16 caseríos ubicados en el distrito de Lucma, en lo alto de la provincia de Gran Chimú. Su periplo se inicia cada lunes a las 5 a.m. cuando sube al bus de Transp. Kurrungo - en el distrito La Esperanza- que lo llevará, vía Cascas, hasta el caserío Nueve de Octubre. Desde allí inicia largas caminatas por Chuquilllanqui, Alcantarilla, Punguchique, Baños Chimú, San Felipe, Simbrón, Jolluco y varias villas más hasta llegar al día jueves, hora del retorno a su casa y la obligada recarga de productos.

“A veces se me ´aguantan´ unos (chupetes) y me quedo hasta el viernes. La cosa es que nunca regreso hasta venderlo todo. Felizmente, cada miércoles el Kurrrungo me trae un lote de 400 unidades que me sirven para nuevamente llenar el cuadrado”, explica el natural de Huamachuco y padre de cinco hijos. Todos “profesionales exitosos; el mayor es abogado y trabaja en la Corte Suprema, la menor también es abogada y tiene su propia oficina y casa y carro; pero a mí no me gusta ser un mantenido, me gusta vender mis chupetes y tener mi 'platita' pá vivir tranquilo con mi ´vieja´, mi querida esposa Juana”, exclama, como asegurándose que lo vamos a escuchar mientras se limpia la vieja y raída camisa celeste y ajusta las descuartizadas zapatillas de lona, prueba inequívoca de una pobreza que - y este es el enorme mérito del ejemplar heladero lucmino- nunca le ganará la batalla por una vivencia digna. Por supuesto que no, don Venancio. Y véndame otro 'marciano' que ni calato aguanto este calor...

lunes, 25 de febrero de 2008

De flacas ricas y homosexuales

“Pasa una flaca bien rica, con una minifalda que aloca, todos la jodemos y tu te agachas, no dices nada, pa´ mi que eres gay”. Son casi las 7 p.m. en la cuadra tres de la av. Pablo Casal y las embriagadas palabras de David lejos de sonarme a ofensa me resultaban, dentro del profundo pensar estúpido al que uno puede caer en momentos de depresión, una alternativa. Vacía, hueca, imbécil sí, pero alternativa al difícil trance de querer enamorarse.

Ya han pasado muchos años desde la última vez que me ocurrió. Y varias mujeres intentando regresar ese sentimiento. Y casi ninguna que se acercara a lo que mi corazón reclama. Y ninguna que concrete lo que anhelo. Y besos y abrazos, y horas de pasión y promesas infinitas, y regalos y emociones, y viajes en pareja y abrazos con fondos naturales hermosos, y risas y llantos, y cargas de culpa y corazones dañados e ilusiones que nacen inmensas como una montaña y se quiebran, luego, débiles como una cáscara de huevo. Y en tanto, sigo igual, pétreo, inerte al verdadero amor.

Así que mientras sonreía y observaba al insensato David tras su inesperado comentario, me preguntaba: ¿Qué importaría ser del bando opuesto a cambio de encontrar la felicidad plena?, ¿si como ladrón, drogadicto, estafador o down, lesbiana o gay concretas ese hermoso ideal vale lamentarse?, ¿no es acaso ello el fin supremo de la existencia?, ¿Quién dijo que felicidad es sinónimo de hechos nobles?, Sócrates, Platón, Alejandro Magno, Da Vinci, Oscar Wilde, George Michael, Fredy Mercuri o hasta Jaime Bayly y otros celebres homosexuales no sirven como ejemplos?

Si eres feliz como tal eso es lo único que vale. Y lo demás, voces de bajo tono en una sociedad hipócrita y primaria, se va a la mierda si estás bien contigo mismo.
Y me encantan las mujeres y las seguiré admirando, sean flacas ricas o gorditas sexys, altas de caminar elegante o bajas de mirada sensual, con minifaldas que alocan o pantalones que marcan una linda figura. Pero, eh, ¿quizá debí nacer gay para poder encontrar mi media naranja?

martes, 19 de febrero de 2008

Búsqueda infinita...


Hacia mucho tiempo que no recurría a mi singular amigo. A este cuadriculado tipo de cobertura negra y gorrita permanente donde se lee “Intel” y que me resulta, será por que es mudo y nunca hace gestos, tan condescendiente. Han pasado muchos días desconectados.

Y no lo hice, reconozco, abrumado por ese bendito defecto que cuantas veces me gana las batallas: frustración. Esa combinación de resignación y rabia devenida, esta vez, y cuando no, por las nuevas frustraciones que en mi ruta de búsqueda del amor he encontrado…

Partí con la mejor de las expectativas, ilusionado, dispuesto a saltar el muro de mis indecisiones y miedos. Y otra vez, una más… Ni su belleza, su sensualidad, su ternura o esa dulce disposición de asentir ante un pobre tipo integralmente desordenado como yo, pudieron despojarme de esa maldición de no amar que – así empiezo a creerlo- ni el mayor exorcista podrá derrotar.

Carajo!, será que estoy condenado a no enamorame? debo preguntarme... ...y el mutismo de mi alma me suena a tácita afirmación…
Hoy, salgo desde hace unos días con una chica. Más belleza, más ternura, más capacidad intelectual que tanto me atrae en una mujer… y quiero sentir que esta vez será diferente y trato de poner todo lo necesario. Pero nuevamente las sombras del fracaso asoman en mi horizonte. Ya lo siento. Y no quiero hacerle daño ni dañarme tampoco, no, no otra vez.

Más aún, leo el portal de un tipo al que siento tan símil conmigo en sus devaneos de personalidad y búsqueda de su mitad, media naranja o espejo de su alma y me entero que sí, la hizo, lo logró y él si está feliz: se enamoró y es correspondido. Su blog ha sido el cúpido y M la doncella que lo flechó.
El, como el malpensado, ha buscado hace buen tiempo… ojalá su felicidad también sea mía algún día…